Andén miente! - Editorial 67

L

a máquina va, avanza, retrocede, se mueve. Aunque a este tren le cueste transitar el medio, este es su lugar. Las vías son siempre buen medio para llegar a destino, máxime si tenemos en cuenta que en este país (este mundo), jugando a lo maquiavélico, los medios justifican el fin.

Por paradójico que suene, los temas con los que se trabaja habitualmente suelen ser los más difíciles de tratar. Es mucho más simple orientar la mirada al exterior que a lo propio, y mucho más si se pretende ser radical en este aspecto y repasar críticamente las prácticas propias.

Pensar los medios desde el medio parece una gambeta que se enrosca sobre sí misma y que nos puede llevar al tropezón. Sin embargo, es un proceso que cualquier actor de la comunicación no puede dejar de hacer si no quiere perderse en el incesante movimiento de la realidad, en la rapidez, el dinamismo y la parcialidad que ofrecen las miradas apresuradas, acaso (de pretensiones) objetivas, acaso (de resultados) ficcionales.

Si más allá de los medios están los fines, en este ANDÉN nos preguntaremos, independientemente de la objetividad o precisión del mensaje, ¿qué busca aquel que lo enuncia?, ¿hacia quién lo dirige y por qué?, ¿qué ofrece?, ¿quién lo necesita?, ¿para qué?, ¿qué hay detrás de esa maquinaria?, ¿quién se beneficia? En definitiva, ¿cuál es el fin del medio? Leer más...

Parada obligada en la comprensión de la realidad

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06
Nov

Los chicos de ahora son más vivos que antes - Andén 63

Escrito por Carla Palavecino. Posted in Opinión

H

oy en día, gran parte de la sociedad, ante los hechos cada vez más conocidos de delincuencia y embarazo en adolescentes y niños, suele analizar este tipo de problemáticas como si los pibes fueran más “vivos” que antes, y hacen o hablan de cosas que son de los adultos. Pero… ¿a qué se debe esto? Recientemente yo me hice esa pregunta al tener que cambiar de colegio para hacer el polimodal. Todo mi primario y secundario básico los hice en la escuela de mi barrio, en el Ombú, Pontevedra. Cuando tuve que empezar el polimodal me vi obligada a concurrir a una escuela en Merlo por la modalidad que yo quería cursar. Al iniciar este nuevo ciclo me encontré con una gran decepción: mis compañeros de clase eran mucho más inmaduros que mis compañeros de final de primaria. Pero después de analizarlo llegué a la conclusión de que mis compañeros de primario (yo me incluyo) eran más maduros de lo que deberían ser los chicos de su edad. Esta conclusión no se da por casualidad sino que es una triste consecuencia de las diferencias sociales. La inmadurez en la que estoy haciendo énfasis se relaciona con los valores, el nivel emocional, la manera de abordar determinados temas, entre otros.

Para empezar, los valores que tiene cada grupo son claramente diferentes en aspectos como, por ejemplo, la educación. Al pibe, al que no le faltaron (ni le faltan) las necesidades básicas, aborda (en su mayoría) la educación como algo “pesado” a lo que está obligado, sin tener perspectiva de futuro y de lo que una mala educación puede afectarle más adelante.

Si bien el pibe de clase baja tiene esta tendencia de ir al colegio por obligación, su perspectiva de futuro es diferente, ya que vive resignado a que no va a ser “nadie” en la vida, por lo tanto la escuela es casi una pérdida de tiempo cuando podría “enganchar un  laburo cualquiera”. Por otro lado se ve, también, el valor que le da a  su educación, esforzándose para mejorar y no resignarse a ese futuro desesperanzador que la sociedad le dibuja.

Otra cuestión que distingo entre estos dos grupos es la manera en que opinan sobre diversos temas. Por ejemplo es muy diferente hablar de política (con todo lo que esto involucra) con chicos de diferentes condiciones sociales. Con esto no digo que la clase alta o baja tengan mayor o menor conocimiento del tema, pero en lo que se diferencia el “pibe de barrio” (por llamarlos de una forma) es en la manera de desarrollar el tema y llevarlo a las temáticas que nos deberían preocupar a la mayoría (y que ellos viven particularmente) que son la desigualdad social, la violación de los derechos, la pobreza en sí y todas sus consecuencias.

Pero yo creo que, a pesar de toda la argumentación que di hasta el momento, por más que las circunstancias los obliguen a tomar posturas más adultas ellos mismos no pueden desgarrarse del deseo de ser niños porque incluso en los temas más diversos no hacen otra cosa que dejar mensajes casi silenciosos de una inocencia que pide desesperadamente la salvación y todos “los adultos” deberían estar ahí para escucharlos■


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