5 discos 5 pa´ escurrir las papas fritas con el diario - Andén 67
or ahí la cosa no es que lo medios hegemónicos cuenten un cuento que no es amparados por su dinero; sino que los medios alternativos no tienen un discurso lo suficientemente creíble o articulado para calar masivamente en la consideración popular. Pensar otra cosa es creer que la gente come vidrio. Si la realidad es una construcción, en una de esas el cemento que usan es viejo y los ladrillos son de barro. La información es en estos tiempos un producto. Si lo que se dice no es interesante no hay que echarle la culpa a la falta de pauta oficial. Lo que hay que hacer es decir lo que se piensa sin caer en la tentación de mostrar un culo en primer plano ni llamar a des alambrar.
¿Ambientales?, de culo con la hipocresía - Andén 66
enemos una concepción hipócrita de la naturaleza. Se nos pianta un lagrimón cuando muere una ballena pero comemos merluza en peligro de extinción. Protestamos contra la minería a cielo abierto, pero usamos celulares que se hacen con coltán, producto de la minería a cielo abierto en el Congo. No nos gustan las papeleras pero el papel que tiramos junto a nuestros residuos en bolsas de plástico no salió de una maceta. Pedimos trabajo pero no queremos que jodan a la pacha mama. Esperamos que el progreso nos toque a nosotros pero cuando llega en forma de autopista ponemos el grito en el cielo. EL gataflorismo garpa como factor de alarma pero desnuda nuestra ética mal construida.
Para esas chicas que militan con musculosas de La Cámpora, porque les quedan muy lindas - Andén 64
hora es buena onda militar, cool, copado, supercalifragilisticoespialidoso. Pero no siempre fue así. Hasta no hace tanto, muchos de los que hoy militan celebraban la muerte de las ideologías. Hubo militantes de fuste como Casildo Herrera; pero no debemos olvidar que también José Luis Manzano y Coti Nosiglia eran militantes. También se milita en el Pro, en el partido Obrero, en el ridículo partiducho de Biondini. Por eso militar no es un valor. Levantar banderas de colores diversos no es un valor. El valor, como piedra de toque de una ética de vida, debe demostrarse todos los días, sostenerlo en actos y en años. No claudicando. No sumándose a la pasión de los recién conversos que un día se levantan y creen -como Agustín de Hipona- que el reino de los cielos está a la vuelta de la esquina y el código postal se lo ponen ellos.
¿Oscuritos? Como la tumba en la que yace mi amigo - Andén 61
orges dice en un poema que “morir es una costumbre que suele tener la gente”. Y bueno, no queda más que creerle, pues gracias a eso quienes nos anteceden en el camino de la vida nos dejan por herencia casas, autos y también deudas ajenas que saldar. No obstante, más allá del dolor, la angustia y la sensación de soledad a la que realmente nos enfrenta, la muerte es la puerta a un territorio ignorado sobre el que nada podemos decir sin incurrir en las más delirantes elucubraciones. Que un campo con cuarenta vírgenes, que largos salones de bebida y batalla, que infiernos donde nos aguardan Jim Morrison y Kurt Cobain: una larga enumeración que va desde Dante, pasa por Swedenbort y termina en Gainman. Y que hacen pie en un terreno común a todos: en algún momento nos encontraremos frente a la tumba de un ser querido y enterraremos o volveremos ceniza algo de nosotros mismos en eso inerte que hasta ayer compartía con nosotros el ejercicio de la vida. Y esa reflexión es para todo el tiempo que nos queda porque la muerte es el gran tema de la vida junto al sexo y al dinero; pero que a diferencia de aquellos, tiende a ser más permanente si uno no tiene la fortuna de ser el hijo de un dios.
¿Populistas? ¡Populistas las pelotas! - Andén 59
o malo de hacer política para la tribuna es que las buenas medidas acaban en la misma mesa con el pan y con el circo. Y tienen como fin distraer al hambriento sobre la falta de cena.
Hacer lo que la gente quiere, como sea, puede ser muy democrático pero no del todo sabio. Los pueblos y las masas tienden a ser volubles con lo que desean y así como hoy aplauden a los que hoy se llama a sí mismos proyectos nacionales y populares, ayer aplaudieron con vítores a quienes sepultaron al estado de bienestar. El gobernante populista toma medidas, por supuesto, el electorado no es tonto, pero apela con ellas al sentimiento que genera el aplauso y la pasión porque el corazón no tiene ideología ni razón ni noción de conveniencia. Apela al símbolo, al mito, a la leyenda gloriosa y grandilocuente que lo enfrenta con molinos de viento para construirse un rostro que enmascara el deseo de poder y el egocentrismo de propios y extraños. No está mal, suele ser efectivo, pero a larga genera más conflicto que el que resuelve, no cambia la estructura económica e inunda la opinión de una polaridad fascistoide en ambos lados del arroyo.
Para descolgar el poster de la pieza - Andén 57
o hay dictaduras sin sociedades que las sostengan. Porque las dictaduras son hijas del miedo. De pronto, muchas personas consideran que la restricción o la pérdida de una serie de derechos es un mal menor en pos de un bien mayor y en un abrir y cerrar de ojos se encarcela a los opositores y pasan cuarenta años. Y todo lo bueno que pueda surgir en ese tiempo se va derechito hacia la cloaca ¿Por qué? Porque no se puede aprender a ser libre con el retrato del mismo tipo junto al pizarrón durante mucho tiempo. ¿Hay dictaduras buenas y dictaduras malas? ¿Hay dictaduras democráticas y dictaduras que no lo son? ¿Basta con que haya elecciones para que no podamos hablar de una? Hay muchas preguntas y sospechas sobre la gente que se atornilla a su sillón y se queda remontando el barrilete del poder.
Para sexo entre Hobbes y Mona Lisa - Andén 55
ay formas del arte que son en sí mismas declaraciones políticas, como el stencil que en su apropiación de las paredes está diciendo algo sobre la vía pública. Pero el arte, por comprometido que sea o se pretenda nunca deja de ser testimonial, descriptivo; a lo sumo inspirador. La política es acción, movimiento que pretende un cambio o que nada cambie. En ocasiones, el arte es uno de sus resultados. De todo el universo de cosas que hace el hombre, algunas (habrá que ver cuáles) son arte, y de estas algunas son, además, políticas que ensayan los fragmentos de un discurso cuyo tema es común a los integrantes de la sociedad. Por eso en las revoluciones y en los golpes de Estado de cualquier signo, los primeros que son guillotinados son los artistas; porque tienen el berretín de recordar o proponer la reflexión sobre temas que el poder de turno no tiene es su agenda.
Para el vermout con papa fritas y good show - Andén 53
e más está decir que la televisión es una herramienta de control social para bien y mal. Desde que una emisión de Pokemón generó ataques de epilepsia en decenas de niños en el Japón y desde que las torres gemelas cayeron para los televidentes del mundo en vivo y a todo color también, debe ser considerada un arma de destrucción masiva de infinitas posibilidades. Porque se equivocan aquellos que dicen que la revolución no será televisada, todo lo contrario, la mostrarán tan en detalle que la dejaremos escapar en medio de cientos de miles de discursos superpuestos, cada uno de ellos contando su versión, avalando e impugnando ese dato menor entre la novela de las 6 y el reality de las 7:30.
Para saltarines de fronteras - Andén 51
a figura del extranjero siempre ha sido fascinante. Alguien venido de lejos que rompe el “nosotros” y con su mirada o su sola presencia quiebra la calma chicha de la semejanza. ¿Por qué? Porque no se nos parece, o tiene otros hábitos, o simplemente viene de allende la frontera para ganarse el pan o conocernos. Los palurdos de siempre dirán que el extraño viene a robarnos el trabajo, los hospitales, la asistencia social pero lo cierto es que los extranjeros han poblado el mundo desde que los albañiles lo alzaron de la tierra yerma porque todos lo somos.
Para bailar a David guetta en la puna con travestis - Andén 65
o se puede definir lo que no se queda quieto. No se pueden dar las características esenciales de algo que se vuelve todo el tiempo sobre sí mismo y mezcla y reformula lo que lo antecede para vomitarlo renovado y nuevo. La filarmónica de Gotemburgo y los wachiturros; las fábricas de coca cola y los Coyas que venden telas para vivir en Villason; el que vende cd truchos en la estación de Gerli y la especialista en literatura clásica; el gran maestro de ajedrez y el que pasa horas jugando al guitar hero. Todos ellos son una pieza, un elemento vital dentro de una miríada de culturas que se fusionan y conviven y se repelen y mixturan. Hacer fuerza para que quepan dentro de un mismo estante nos obligaría a dejar fuera a muchos de ellos. A la larga, a todos porque no hay quien esté a la altura del listón tan alto donde habita el ideal.
Para niños que le harán muy mal al mundo - Andén 63
e dice mucho sobre la niñez, sobre todo desde lo políticamente correcto. Freire y Vigotsky lo hicieron. Rousseau y Perón lo hicieron. Pero lo cierto es que ese cuento de hadas es casi una mentira que nos resignamos a creer. El niño es un salvaje, una bestia despiadada, astuta y cruel hasta extremos inimaginables. Su único propósito es satisfacer su capricho. Al poco tiempo de nacer aprende los rudimentos de la seducción, a sonreír para captar la atención, a exigir, a considerar al mundo como una extensión de sí mismo. Nada muy distinto a lo que canallitas célebres como Kadafi, Ceauşescu o Pinochet dedicaron sus vidas.
Para orillarnos los bordes y saltar - Andén 60
pinoza, un muchacho muy poco dado al contacto corporal, llegó a esta conclusión: “No sabemos lo que puede un cuerpo”. Y tenía razón. El cuerpo, ese rejunte de tripas y músculos tan próximo a nosotros que se confunde con lo que somos, es un enigma que médicos y pornógrafos han investigado a más no poder sin lograr un conocimiento satisfactorio y cabal.
Emergemos en un mundo en el que solo el cuerpo puede darnos las directrices urgentes con las cuales mantenernos en él. La satisfacción del hambre, de la sed, del dolor nos constituye como individuos y también traza las fronteras de nuestra propia corporalidad, los límites somáticos dentro de los que podemos correr, jugar pero no salir. Una idea del cuerpo que nos preexiste delimita los usos y costumbres que habremos de observar para ser parte de una comunidad de cuerpos. Y cuando salimos de esa idea, cuando nos negamos e improvisamos nuevos andamiajes, como los transexuales, o aquellos que varían su cuerpo en pos de una búsqueda estética, quedamos, por obra de la estupidez, desfasados de ese mundo previo, de esa comunidad.
Para un escolasticismo sin termo tanque - Andén 58
a función de una teología es liberar a los fieles de la opresión de lo cotidiano. Si esclaviza, oprime, pacta o simplemente está ahí como un tótem que recuerda algo que ya no se sabe lo que es, la respuesta es simple: se la cambia por otra más efectiva o se la abandona. Porque una teología es nada más (y nada menos) que un discurso humano sobre algo que está frente a nuestra nariz o a una hipostasis de distancia. Algo tan obvio, si se lo siente, que cualquier explicación enrula inútilmente el rulo de la fe. Algo tan misterioso que cualquier explicación no deja de ser un balbuceo incoherente por muy sofisticada que se la crea. El catolicismo siempre ha sido pijotero a la hora de contarle a sus fieles sobre las muchas teologías que asumió como propias desde que su fundador estiró (o no) la pata. Teologías donde no se bebía vino, donde no se adoraban reliquias. Teologías sin santos ni propiedad, respetuosas y asesinas, que inspiraron a gente como teresa de Calcuta o al sorete de Pío XII. Es decir, una enorme biblioteca de interpretaciones más o menos homogéneas para todo tipo de resultados ya que con el cristianismo (como con el peronismo) se puede hacer y justificar cualquier cosa. La teología de la liberación es la cara más humana de ese quehacer, la más responsable y comprometida con los que creen porque no tienen más que su fe sobre la tierra.
Para meter miedo en barrios súper chic - Andén 56
l mundo es básicamente un lugar inseguro. De eso, pues, se trata la vida una vez que nos expulsan del vientre, de estar a la intemperie, a merced de otros más fuertes o más inescrupulosos que uno mismo. Por eso, lo débiles fundamos una y otra vez la ley, para que esa inseguridad no nos impida hacer la digestión, criar hijos y tener sueños bonitos. Pero por lo general no funciona con esa sencillez. ¿Cómo se hace para que el fuerte cumpla con la ley? ¿Cómo se hace para que el débil no tome el ejemplo del fuerte y crea en esa palabra escrita que sin la voluntad de los hombres es pura tinta?
Ni todas las balas del mundo, ni todas las cárceles, ni siquiera la amenaza de las ejecuciones más aberrantes bastan para que un hombre deje de desear para sí una vida mejor. El que roba un mendrugo de pan, el que mata para comprar paco, el corrupto que se queda con los fondos de un hospital y el que gestiona el fútbol para todos, quieren para sí una vida mejor. Todos ellos, síntomas de la inseguridad, se defecan en la ley porque la ley no les permite saciar su deseo sin importarles cuán justo es para ellos y para los que los rodean.
Para unas merecidas vacaciones - Andén 54
l tiempo libre es una bendición que se les pide a los dioses y se desea como pocas cosas en la vida. Nadie lo tiene de sobra. Nadie cree que no lo merezca. Estar panza arriba sin hacer nada, sin que las agujas del reloj nos zumben el poto; con la certeza de que no habrá castigo alguno si uno amanece sin la certeza de estar condenado a una muerte lenta de colectivos, subtes y corbatas. Tiempo para regalarle a la fantasía desbocada, a la creatividad, a la reflexión que se sucede de hora en hora, de copa en copa sin apuros. No hay nada más lindo que mentirse que durará, que será ininterrumpidamente. Pero es mentira. Porque en el tiempo libre reverberan los ecos de lo no dicho y de lo que tan bien ocultamos en el ajetreo de la cotidianeidad.
Para el pueblo ideal - Andén 52
ivir en una ciudad es cómodo pero a su vez es comprarse un problema en cuotas. Hay algo en el amuchamiento que es desagradable, los olores, los humores a destiempo de uno, la polución visual que nos pone un culo en la cara en cada puesto de diarios, los colectivos y los trenes a deshoras, los cortes de avenidas y un larguísimo etcétera con el que convivimos a diario. No es que la vida en pueblos y barrios suburbanos sea mejor o más tranquila. Esa es una idealización pequeño burguesa que añora lo que no tiene porque no quiere. La vida en comunidad es difícil, ardua. Y lo es porque la presencia de los otros es un mal necesario, porque los necesitamos para vivir y están ahí lo queramos o no. Pueblan nuestros sueños y nuestros gestos más vagos.
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