Seminario de Pensamiento Descolonial
sí como el año pasado, a partir del 13 de abril se dictará el seminario abierto de pensamiento descolonial en América Latina y el Caribe en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo (ubicada en Hipólito Yrigoyen 1584, Captial Federal), todos los miércoles de 19 a 21. Los amigos del Grupo de Estudios para la Liberación, que tienen a cargo la sección "descolonialidad" de este periódico -donde pueden encontrarse sus artículos-, nos hicieron llegar el programa, objetivos, fundamentos y planificación de clases que aquí publicamos. ¡A inscribirse!
Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo
Secretaría de Extensión
Seminario abierto
"El pensamiento descolonial en América Latina y el Caribe: dispositivos de dominación y políticas de liberación”
Profesores a cargo: G. E. L. (Grupo de Estudios para la Liberación): Bárbara Aguer, Juan Ignacio Basso, Martín Forciniti, Mercedes Palumbo, Juan Francisco Martínez Peria, Ezequiel Pinacchio, Soledad Ramati, Tomás Rosner y Santiago Sánchez.
Cursada: Primer Cuatrimestre 2011
Fundamentación
Hace ya más de quinientos años que América oscila, así como el péndulo de un viejo reloj infinito, entre dos posibilidades irreconciliables. Por un lado: lo que fue dado a llamar “Nuevo Mundo” pretende imitar a su progenitor. Es así que negando lo autóctono, lo originario, lo propio, América encuentra en la vieja Europa la reminiscencia de una realidad que pretende suya, pero que no es vestigio de pasado alguno.
Este extremo, cuya realidad práctica y fundamento ontológico persisten en pie, se acuña desde el inicio mismo de la modernidad, a partir de la pronunciación cartesiana “Pienso, luego existo”. Desde este cogito fundacional, toda la realidad se le aparece, a quien la quiera conocer, mediada y condicionada por un sujeto primordial. Este sujeto debe primero pensar para poder luego fundamentar su existencia, y recién avanzar sobre lo que lo circunda. “Yo pienso, yo soy”: punto primero a partir del cual toda la realidad es fundada, todo resulta condicionado a su existencia.
La pronunciación metafísica de esta hipótesis, la invención de un sujeto pensante europeo a cuyos pies se funda la realidad, constituye el paradigma de la modernidad, cuya contrapartida se expresó, y aún se pronuncia, en la conquista – racional, claro está- y la colonización, sin las cuales jamás podría haber tenido lugar. Así es que, si bien por un lado, la modernidad trajo al mundo acontecimientos como el desarrollo de la ciencia, los principios del liberalismo y la idea de una “emancipación racional” de un pasado supuestamente mítico, no es menos cierto, por otro lado, que este mundo inventado no pudo haber existido sin su lado oscuro, sin la explotación y la opresión, sin la colonialidad.
Es que no hay péndulo alguno, por más antiguo que sea el reloj, o por más cruda que sea la realidad que asedie al sujeto oprimido, que oscile en un solo extremo. Ya que si así fuera, como es de esperar, tampoco habría posibilidad de que exista el tiempo. Y así como es imposible pensar un péndulo que oscile de un solo lado, tampoco es posible pensar en la opresión sin el oprimido, la negación sin lo negado, el colonizador sin el colonizado y, centralmente, la modernidad sin la colonialidad.
Por ello se afirma que este extremo conduce al camino de situar al colonizador sobre el indígena, al amo sobre al esclavo, al civilizado sobre el bárbaro, a los rubios sobre los morochos, al careta sobre el villero. Y en tanto esta cosmovisión moderna, colonialista y eurocéntrica perdure aún en nuestra propia tierra, puede afirmarse que este es el sendero equivocado, en definitiva, de quienes pretenden ser auténticos negando su realidad de subordinados, y proclamándose heraldos de una voz ajena y opresora. Es el camino que busca el vivir mejor a toda costa, frente al vivir bien que sostienen los pueblos aborígenes aymaras y quechuas, por ejemplo. El primero significa una mera comodidad material, un individualismo, una falsa felicidad. El segundo supone la vida plena más allá de los bienes materiales, abarca el mundo espiritual de los pueblos, da valor a la comunidad, contacto e intercomunicación con los recursos naturales y liberación de las opresiones culturales, religiosas y mentales.
América Latina se encuentra frente a un desafío histórico. Sería ingenuo intentar persuadirse de que las raíces son la novedad, y no aquello que permite, sostiene y funda la existencia. Es que en esta tierra, a lo largo de la historia, ha existido siempre una fuerte vocación por construir un pensamiento crítico propio, desarrollado a la par de los procesos de liberación políticos y económicos. Todas las luchas de los pueblos que costaron sangre siempre estuvieron acompañadas por hombres y mujeres que buscaron primero el rompimiento con la opresión cultural y, luego, con la opresión material.
El colonialismo no sólo fue una invasión militar sino un plan macabro de destruir múltiples cosmovisiones y suplantarlas con una gran cosmovisión, un gran relato, en suma, un diseño global imperial. Más allá de pretender imponer una religión o un Dios – no del amor y de la libertad - se hizo creer que la cruz y la espada de los asaltantes y violadores eran el signo de la redención, un feliz acontecimiento para pueblos que representaban el No-Ser, la nada, lo absurdo. Frente a ellos, el europeo se presentó y se sigue presentando como el Ser, el Sentido, la Razón y la única Verdad.
Los invasores colonialistas no sólo saquearon el oro, la plata y otros recursos naturales; pretendieron arrebatarle al indígena su identidad, su dignidad, su cultura. Frente a ello, a lo largo de la historia, siempre hubo rebeldes que resistieron la opresión cultural, religiosa y mental. En este sentido, la descolonialidad –llamada “descolonización” en el gobierno revolucionario de Evo Morales - se inserta como un nuevo aporte al pensamiento crítico Latinoamericano, resituando el lugar del sujeto subalternizado y oprimido.
La urgencia de una perspectiva de enfoque nuevo insurge y crece hasta constituirse en necesaria, imprescindible. Porque si bien reconocemos la validez de ciertos planteos críticos de la posmodernidad, no podemos concederle, en primer lugar, su idea de que la modernidad haya caducado, ya que tampoco lo ha hecho su lado oscuro, la colonialidad. Y, en segundo lugar, tampoco podemos evitar señalar que la posmodernidad continúa siendo eurocéntrica, al igual que una larga tradición de pensamiento crítico mundial. Porque aún el marxismo - con todos los avances éticos que implica una teoría opuesta al capitalismo, que vela por la defensa de los oprimidos y los subyugados - enaltece su origen geográfico, e incluso se traduce, en determinadas ocasiones, en opresión sobre los pueblos colonizados. Porque aún la filosofía de la liberación - cuya propuesta metodológica de situarse en el lugar del oprimido, silenciado y subalternizado por el capitalismo eurocéntrico de la modernidad es retomada por esta corriente - no reconoce como irreductible la diferencia colonial entre el colonizador y la herida que aún sufre el indígena y el negro colonizado. Porque, aún cuando la metáfora de la teoría del sistema-mundo es una gran herramienta para analizar el capitalismo contemporáneo, requiere la incorporación de la idea de que la modernidad posee un lado oscuro, cuya asociación no es casual sino irreductible, que es la colonialidad. Porque, finalmente, aún el poscolonialismo - con su certero señalamiento de que la dominación política y económica es actualmente reforzada por una dominación epistémica - resulta insuficiente, y su potencial crítico debe reforzarse con el reconocimiento de la existencia de una sistemática colonialidad, cuya lógica de dominación se inicia en el siglo XVI. Por todo ello, nada se plantea más a la orden del día, nada en la existencia entera urge tanto para América Latina y el Caribe como descolonizar el poder, el saber y el ser. Es decir, construir un pensamiento más auténtico, más respetuoso de la identidad de pueblos originarios (paradójicamente menos colonizados que las clases medias y altas de las grandes urbes americanas), más original y menos imitador, más creativo que repetitivo. No sentir vergüenza de lo que pensamos, sentimos y vivimos sólo porque no encajamos en los patrones culturales eurocéntricos.
El rompimiento de las cadenas opresoras de hace casi dos siglos en muchos de nuestros países, no significó nunca la liberación de una mentalidad colonialista, dependiente de lo foráneo. Es decir: cambiamos de sistema, de gobierno, de administradores, pero mantuvimos la dependencia mental, cultural, religiosa, filosófica. La República siempre fue una negación de lo originario. Fue la continuidad de la opresión. Por eso los pueblos originarios siguen oprimidos, aunque con excepciones en Bolivia y Ecuador, donde no sólo hubo cambio de gobiernos, sino de sistema. Ambos son Estados Plurinacionales y pluriculturales. Ambos buscan no sólo el vivir bien para sus pueblos, sino que caminan hacia la descolonización.
Para los pueblos originarios no sólo hay medio siglo de opresión, negación y colonización. Hay quinientos años de resistencia, de lucha, de siembra colectiva, de rebeldía, de enfrentamiento con el opresor, de retorno a lo ancestral, de reconstrucción de aquello que fue destruido por la Colonia. Los indígenas siempre han convertido a la opresión en liberación, a la muerte en vida, bajo la filosofía de que sólo una semilla enterrada puede dar una nueva vida. Sólo puede haber liberación si se lucha contra la opresión, sólo se combate a los profetas del No-Ser cuando ya no se intenta Ser, sino que se vuelve posible Estar. El pensamiento descolonial pretende ayudar a construir este nuevo estar, reconociendo que si bien un retorno al pasado resulta imposible (pues la herida colonial persistirá aún como cicatriz), la posibilidad de una relación entre los múltiples otros que no implique dominación, subalternización y violencia debe ser sostenida como bandera de la liberación.
Hace más de quinientos años de un tiempo medido por el péndulo de un reloj, que oscila entre vencer o morir.
Objetivos
-Realizar una presentación de las principales categorías analíticas del pensamiento descolonial.
-Introducir al debate de la teoría social la producción del pensamiento descolonial y las influencias que recibe desde el pensamiento crítico latinoamericano.
-Promover el análisis crítico de los paradigmas hegemónicos y los dispositivos de dominación en ellos presentes en los ámbitos del poder, el saber y el ser.
-Reflexionar en torno a las políticas de liberación y reconocer las posibilidades de desarrollo de un pensamiento autónomo en América Latina.
-Fomentar en los estudiantes la apropiación crítica de estas categorías para reflexionar en torno a los procesos actuales.
Modalidad de cursada
El seminario consta de 16 clases teóricas, una vez por semana, de 2 horas de duración cada una. Si bien no se prevé una evaluación final, se estimulará la posibilidad de que los alumnos realicen un trabajo de producción individual o colectiva, vinculado a las temáticas desarrolladas a lo largo de la cursada, que podrá ser presentado hasta la penúltima clase. Este material servirá de insumo para la realización del plenario-taller de la última clase, en el que se procederá a la puesta en común de las reflexiones suscitadas por el seminario.
Cronograma de clases



