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21
Nov

Diálogo con Zulma Palermo: “Los movimientos de resistencia abren brechas en la colonialidad” - Andén 50

Escrito por Grupo de Estudios para la Liberación.

Z

ulma Palermo, es una de las principales referentes de la perspectiva descolonial actualmente en Argentina. Ella ha desarrollado su actividad en el campo de la critica literaria y literatura latinoamericana, cuenta con un basto trabajo –siempre en construcción- en torno a la importancia de la descolonización de la memoria, la producción cultural desde la experiencia local y la búsqueda de simetría de derechos, legitimaciones y escuchas.

 

Grupo de Estudios para la Liberación (GEL): ¿Cómo se significa el 12 de Octubre desde la perspectiva del pensamiento descolonial? ¿Qué diferencia tiene con las interpretaciones hegemónicas de derecha e izquierda?

 Zulma Palermo (Z.P.): Pensar desde allí el “descubrimiento de América” significa reescribir la historia mirada desde la perspectiva de quienes fueron invisibilizados a partir del momento en que España alcanzó las costas continentales. Las operaciones ya realizadas por estudiosos como Enrique Dussel, Aníbal Quijano y Walter Mignolo entre otros, en esa dirección, van mucho más allá de las respuestas que tanto el pensamiento considerado de “derechas” o de “izquierdas” efectúa, pues no se radica en la valoración de la gesta conquistadora ni sólo en la reivindicación de las comunidades originarias , sino que ve en ese acontecimiento el inicio del sistema económico capitalista y de explotación por el trabajo esclavo. Por lo tanto, en el plano político, acompaña a los movimientos de reivindicación surgidos de las comunidades originarias y de afrodescendientes; en el plano epistemológico, propone un fundamental vuelco de la razón occidental para analizar las consecuencias del descubrimiento y la conquista de América y, desde allí, promover una ética de inclusión en igualdad de condiciones con el resto del mundo.

 

GEL: ¿Cómo se puede interpretar desde esta perspectiva la construcción de la identidad del indio y del negro por parte del conquistador? ¿Es posible que los sujetos colonizados se reapropien de esta identidad críticamente y con fines descolonizadores?

 Z. P.: Para alcanzar esos objetivos se hace imprescindible que las comunidades subalternizadas sean validadas, lo que no puede concretarse si no es a partir de la generación de una autovaloración, operación en la que juega un rol sustantivo la restauración de las memorias incluidas por las imposiciones propias de la colonialidad del saber y del ser. Los movimientos de resistencia –que de una u otra forma han estado siempre presentes en el tiempo desde la conquista- van tomando cada vez mayor presencia y abriendo brechas en la estructura de la colonialidad. Esos movimientos hoy ya tienen estatuto político y avanzan hacia objetivos que podemos considerar descoloniales, es decir de ruptura con la colonialidad interior. Quiero señalar con esto la diferencia entre colonialismo –y en consecuencia “descolonización”- referido a un momento histórico que se extiende hasta las independencias novocentistas; y colonialidad como una estructura de pensamiento y de estilo de vida que, surgida en la colonia, se sostiene hasta nuestros días, estructura con la que quiere romper la opción descolonial.

 

GEL: ¿Cómo se puede pensar desde la teoría descolonial  la construcción de la identidad de América Latina? ¿Puede pensarse la reivindicación de la unidad latinoamericana como un proyecto descolonial?

 Z. P: Esta opción no entiende que haya que construir una identidad latinoamericana a la manera de los proyectos latinoamericanistas vigentes desde las independencias precisamente por las características múltiples y diversas de las historias locales que la integran. No busca generar modelos culturales monovalentes sino, al contrario, sostiene la existencia de una pluriversalidad dentro de su amplia extensión geográfica. No se trata de generar nuevas “totalidades” que no harían sino reinstalar los principios característicos de los Estados-Nación modernos, sino de generar movimientos de liberación –no de reivindicación- que respondan a las particularidades de cada genealogía.

 

GEL: ¿Qué lectura podemos hacer de los procesos de independencia de América Latina? ¿Qué rupturas y continuidades implicaron en términos de la dominación colonial?

Z. P.: Precisamente, las falencias que reconocemos en los movimientos independentistas se radican en que estuvieron gestados por mentalidades colonizadas e integradas por  los sectores criollos que reprodujeron las estructuras de los Estados modernos según el modelo occidental, y porque no hubo en sus orígenes participación de todos los sectores sociales. Es a esto a lo que hacía referencia cuando marqué las diferencias entre colonialismo y colonialidad: mientras el primero caracteriza a la etapa de dominación “exterior”, la segunda la prolonga bajo la forma de la colonialidad interior. Por lo tanto, las “rupturas” se redujeron a la toma de control del mismo poder por los criollos que mantuvieron vigentes los valores preexistentes. De modo, entonces, que aquellos movimientos revolucionarios que, después de un largo proceso, debieron culminar con la instauración de un orden nuevo y distinto del colonial, un orden democrático, desembocaron, más de un siglo después, en renovadas formas de servidumbre y sometimiento, de inequidad y asimetría.

 

GEL: ¿Cómo es posible interpretar el Bicentenario desde la teoría descolonial?

Z. P.: Consecuentemente, desde la opción descolonial, la celebración del Bicentenario -que alcanza tan diversos matices ideológicos en el extendido mapa centrosudcontinental-, obliga a proyectar propuestas auténticamente liberadoras que incluyan a las mayorías sociales, reconociendo la existencia de las profundas fracturas internas emergentes de exclusiones de todo tipo: étnicas, de género y sexualidad, de saberes, de sistemas de producción, etc., productos de la colonialidad. Proyectos libertarios ya discursivizados en la conmemoración del primer centenario y reiterados ahora por aquellos que promueven una “segunda independencia”, pues no lograron su cometido en la medida en que seguía operante la idea fuerza de la homogeneidad, aunque polarizada en el otro extremo del mismo proyecto occidental: la internacionalización de un socialismo hecho a la medida de otras memorias y otras formas de organización del trabajo, de estilos de vida, de concepción del tiempo y de las relaciones con la naturaleza, distintas de las construidas por la imposición colonial. Ninguno de ellos pudo desarticular la dependencia en sus niveles más profundos, aquellos que hoy creemos estar en mejores condiciones para revertir.

 

GEL: Teniendo en cuenta que usted coordinó el último cuaderno de la serie El desprendimiento: pensamiento crítico y opción descolonial, intitulado Pensamiento Argentino y opción descolonial, ¿qué pensadores argentinos han aportado al proyecto de la descolonización epistémica?

Z. P.: Este estado de situación es posible porque el pensamiento de la resistencia se ha mantenido sin interrupción en las prácticas comunitarias y en los movimientos sociales que les han venido dando forma y que han sido conceptualizados por intelectuales de diversa procedencia. Argentina no es ajena a estas manifestaciones por lo que es posible –y necesario- dar forma a una genealogía de la opción descolonial que, si bien no alcanzan la radicalidad de un Fanon, un Cesaire, o un Cuogano, han generado una posición alternativa y, por lo tanto –dadas las características fuertemente eurocentradas de nuestra cultura-, han permanecido y permanecen por fuera de la circulación canónica. Pienso en el arco que va de los nacionalistas y/o anarquistas a la manera de Manuel Ugarte, Sacalabrini Ortiz, Hernández Arregui, Jauretche, hasta los filósofos de la dependencia –Enrique Dussel, Arturo Roig aún en sus explícitas diferencias-. Es más, la opción descolonial cuenta hoy entre sus más sólidos componentes con el ininterrumpido aporte de Enrique Dussel y, en su patrimonio, con la perspectiva todavía demasiado solitaria que propusiera Rodolfo Kush. Por supuesto, no son los únicos que integran este abanico; sabemos de algunos, pero no de muchos que seguramente desde el “país interior” hicieron aportes que están todavía sin ser “descubiertos”. Por eso cabe que cada estudioso indague en su propia localización porque seguramente encontrará allí las huellas de un pensamiento “otro” o –contrariamente- podrá señalar las formas a través de las que se modeló su imaginario.

 

GEL: ¿Qué perspectivas epistémicas y políticas descoloniales existen en la Argentina actual?

Z. P.: Dada esta genealogía intelectual, las particulares características de la academia argentina y los avatares que han signado -y signan-  la política nacional, el interés que empieza a mostrarse por la opción descolonial resulta alentadora. En la actualidad y dentro del espacio nacional, hay grupos e individualidades que dan fuerza a la propuesta y que la retroalimentan desde sus particulares localizaciones, discutiendo sus principios y activando sus políticas sociales.

 En lo personal, el contacto con distintos tipos de agentes del campo intelectual: estudiosos y estudiantes, artistas, museólogos, historiadores, cientistas sociales, técnicos e ingenieros agrónomos en estrecha relación con cuestiones vinculadas a la ruralidad, permiten visualizar algunas variables importantes: a) una explícita apetencia por descubrir caminos alternativos a los que la formación disciplinar de la modernidad y posmodernidad les ha ofrecido; b) un “descubrimiento” de la existencia de problemas y de respuestas por ellos nunca antes advertidos; c) el encuentro con una opción que responde a las prácticas que han venido ejecutando “intuitivamente”; d) un rechazo cerrado a la posibilidad de pensar críticamente el conocimiento adquirido.

 Este creciente interés tiene también algún riesgo: la apropiación de la propuesta por su novedad; por su posible éxito –con las consecuentes implicancias en el propio currículum- en tanto se lo entiende como “políticamente correcto”; la banalización de su sentido político y ético. Otro tanto puede acontecer con las rupturas sistémicas en el terreno de las incipientes prácticas de inclusión social. Por ello es necesario que quienes actuamos en el espacio intelectual estemos alertas ante estas posibles apropiaciones/perversiones no sólo en orden a la producción de conocimiento descolonial, sino también de las propuestas políticas a las que pueden acompañar■


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