Andén miente! - Editorial 67

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a máquina va, avanza, retrocede, se mueve. Aunque a este tren le cueste transitar el medio, este es su lugar. Las vías son siempre buen medio para llegar a destino, máxime si tenemos en cuenta que en este país (este mundo), jugando a lo maquiavélico, los medios justifican el fin.

Por paradójico que suene, los temas con los que se trabaja habitualmente suelen ser los más difíciles de tratar. Es mucho más simple orientar la mirada al exterior que a lo propio, y mucho más si se pretende ser radical en este aspecto y repasar críticamente las prácticas propias.

Pensar los medios desde el medio parece una gambeta que se enrosca sobre sí misma y que nos puede llevar al tropezón. Sin embargo, es un proceso que cualquier actor de la comunicación no puede dejar de hacer si no quiere perderse en el incesante movimiento de la realidad, en la rapidez, el dinamismo y la parcialidad que ofrecen las miradas apresuradas, acaso (de pretensiones) objetivas, acaso (de resultados) ficcionales.

Si más allá de los medios están los fines, en este ANDÉN nos preguntaremos, independientemente de la objetividad o precisión del mensaje, ¿qué busca aquel que lo enuncia?, ¿hacia quién lo dirige y por qué?, ¿qué ofrece?, ¿quién lo necesita?, ¿para qué?, ¿qué hay detrás de esa maquinaria?, ¿quién se beneficia? En definitiva, ¿cuál es el fin del medio? Leer más...

Parada obligada en la comprensión de la realidad

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18
Dic

La irreductible multiplicidad de verdades - Editorial 64

Escrito por Juan Ignacio Basso. Posted in Editorial

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l pasado 10 de diciembre se cumplieron 28 años de la vuelta a la democracia, y tres desde la aparición de este periódico, motivado en la libertad de expresión, la pluralidad política y la liberación de los pueblos. Andén es un paraje, pero de ninguna manera la ausencia de movimiento, eso sería quedarse en un andén y no recorrerlos. Este periódico, en cambio, se piensa como un tren, que realiza un viaje, se abre un camino y llega, para bien y para mal, a un lugar donde detenerse, donde intercambiar, donde pensar, dialogar y seguir. Nunca llegaremos a lugares definitivos, eso lo tenemos por seguro, y creemos que es una virtud. Porque la distancia que existe entre no llegar a algo definitivo y la ausencia de todo lugar y sentido, es demasiada grande, y porque dentro le cabe mucho recorrido.

Militar (palabra que por suerte tiene más de un significado) es cortar esa tela, es recorrer el camino, es juntarse, es dialogar, es construir, es formarse y luchar por nuestras ideas. La militancia es un valor fundamental de la democracia y la política, si entendemos la política y la militancia en sentido amplio, que incluye y excede la política partidaria que es tan solo un tipo de militancia, pero la militancia es exceso, siempre supera, disloca, quiebra y trasciende al partidismo político. Pensemos cuántas veces el arte ha quebrado más paradigmas, ha modificado más la visión del mundo que cualquier dirigente o partido político. Esto no es casual: la militancia es, propiamente hablando, una de las dimensiones fundamentales de la política.

Muchas veces hablar de militancias causa miedo. Y no solo por el recuerdo del oscuro pasado de bastones largos, sino por el mismísimo presente, donde parece que la división y el enfrentamiento van en contra de los armónicos intereses del con-vivir social. No debe olvidarse, sin embargo, que es en la diferencia donde radica la vitalidad. Y que todo intento de homogeneización no es más que el retraimiento de la belleza de las particularidades.

Imaginemos la trivialidad de un mundo donde no haya lugar para la disonancia, pero no porque esta sea reprimida, sino simplemente porque todos pensamos igual, todos actuamos igual, todos vemos el mundo del mismo modo. En este mundo (que acaso pueda ser un poco menos ideal que aburrido), no podría ser jamás un mundo habitado por hombres y mujeres. Sería más bien el mundo de las máquinas. Porque si bien es cada vez más difícil diferenciarnos de los animales y de las computadoras (de los primeros, por caerse el mito del humano como el elegido de Dios, de las segundas, por realizar éstas actividades cada vez más complejas en el ridículo mito de un avance sin fin), hay un ámbito que es irrenunciable a la humanidad. Ese ámbito es la política. Y la política no significa la fabricación en serie ni la domesticación de nuestros impulsos. La política es la expresión de la diferencia, la lucha por la liberación de los pueblos frente a la dominación y al intento de anulación de aquellos que nos constituye, nos reafirma separados y nos da razones para unirnos y luchar juntos: aquello que nos diferencia.

Este periódico se milita por levantar las voces antes de callarlas, por exaltar las diferencias antes que las similitudes y no porque no sea importante tener acuerdos y convicciones comunes, éstos siempre están presentes, se expresan en el diálogo profundo, en la actitud crítica, en los valores democráticos; pero justamente es la democracia la que nos enseña a construir desde los antagonismos, sin olvidar el suelo que pisamos, ni el norte hacia donde dirigimos nuestras miradas.

Así como la militancia se nutre de la democracia, en tanto que condición de posibilidad para la labor y construcción militante, la democracia misma no podría ser sin la militancia, pues esta no es otra cosa que el conocimiento y la presencia del pueblo, el diálogo con el espacio que se habita, la lucha por aquello que se cree. Configuradora de dignidad, de identidad, es mediante la militancia que puede levantarse un sentido local desde el trabajo y el territorio. Es la militancia la principal herramienta que tenemos para expresar y direccionar las voluntades políticas a las necesidades del pueblo; es sólo mediante el gesto militante que podemos darnos la creación de sentidos colectivos que puedan abrirse caminos liberadores■


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