Con mis propias palabras - Editorial 78

A

prendiste el abecedario jugando al ahorcado, la trasposición lúdica de la afasia. El mutismo de aquel que se queda sin aire y sin vibración posible y no puede enunciar libremente lo que desea. Tus compañeros te tiraban las letras que el muñequito no podía articular y a medida que salían desaciertos, acercaban al muñeco a su inminente aniquilación. Después aprendiste las reglas del Tutti Fruti, el juego autogestivo, fácil de improvisar y útil para desarrollar el pensamiento analítico, la idea de categorías generales y el concepto de hipónimos e hiperónimos. Te adaptaste a la falta de papel y te aggiornaste con el repechaje. Y siempre, desde la temprana infancia, conociste ese glorioso juego que sirve para matar el aburrimiento en cualquier lugar donde te encuentres. Ese que no requiere materiales sino una simple contemplación del entorno donde se selecciona un elemento a adivinar por el interlocutor, que pregunta de qué color es esa cosa que el otro ve: “Veo veo”; “¿qué ves?”; “Una cosa”. El que ve es el reticente que aplaza la respuesta hasta que el ansioso adivina. E incluso ignora la pregunta y responde con cualquier categoría (“¿Qué cosa?”; “Maravillosa”), hasta que llega el indicio (“¿de qué color?”). Leer más...

Parada obligada en la comprensión de la realidad

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06
Nov

Diálogo con Nora Moseinco: un pensamiento acerca de la potencia del otro - Andén 63

Escrito por Ana Laura Suárez Casino. Posted in Diálogos

L

a niñez es una etapa clave. En unos pocos años se arma un mapa imborrable que almacena y configura el modo de ser de una persona para su futuro tránsito por la vida.  

El teatro es un vehículo inmejorable para comprender el universo y entender los misterios de la condición humana. Y también es espacio para la risa y el gozo, apoyado en la posibilidad permanente de jugar. El teatro permite poner mundos a existir. Otros mundos. Mundos nacidos del juego.

Recuerdo en mi adolescencia un programa de tv donde un grupo de chicos junto a Mex Urtizberea hacían un noticiero explotando y explorando su expresividad al 100 %.  El ciclo se emitía por el canal de cable Cablín, los niños  eran los protagonistas y realizaban diferentes sketchs. Las características principales eran las interpretaciones de los actores, que tenían entre 6 a 15 años. Mex Urtizberea era el único adulto en el elenco y no había  libretos, dejando  el guion a la improvisación de los actores, bajo la moderación de Mario Podestá (el conductor  del programa, interpretado por Mex). Lo interesante era que los niños representaban papeles de adultos. El programa tenía una estética de los años 50 y las secciones que más me gustaban eran: "Mesa con Gente" (sección de debate), "El Gran Bellini" (mentalista que nunca acertaba el objeto que sostenía Mario Podestá en sus manos, a pesar de las pistas que daba el conductor),"Consejo Sentimental" (Sección de consultas amorosas - o no), "Tómbola For Fai" (un sorteo que siempre se frustraba), "Pregúntele al Fenómeno" (un talk show), "Permútele" (Sección de canjes) y "Efemérides".

Era un mundo maravilloso. La idea de hacerlo surge junto a Nora Moseinco, quien fue la directora de actores del programa de 1996 al ‘99. Yo me moría de ganas de tener esa edad y de estar ahí, jugando con ellos. Aún en contacto con ese deseo - que me ha llevado a tirarme a la pileta de la actuación y la dirección actoral - me pareció una buena idea entrevistar a quien estaba detrás de ese genial ciclo: Nora Moseinco.

ANDÉN: ¿Cómo te interesó el teatro para chicos y jóvenes?

Nora Moseinco: Naturalmente al empezar a dar clases de teatro, empecé haciéndolo con niños y adolescentes. Intuitivamente, sabía que era en esas edades donde mi pensamiento acerca de la potencia del otro se desplegaba. Desde chica sentí que tenía herramientas para ayudar al otro a sentirse libre de expresar una verdad interna creativa. Luego, muchos años después, los adultos quisieron entrenar de la misma manera.

ANDÉN: En tu  escuela de  formación docente ¿hacia dónde apuntás?

N. M.: En un momento sentí la necesidad de sistematizar la filosofía de trabajo. Apunto a investigar el abordaje  del despliegue del potencial en el alumno. La pregunta básica es: ¿qué mira el maestro cuando ve al alumno?, ¿qué elige ver?,
¿cómo se pone al servicio de lo que está ocurriendo?, ¿cómo permiten, maestro y alumno, encontrarse con la sorpresa de lo que ocurre en ese presente de la experiencia? ¿qué significa tener autoridad como maestro?  Es un espacio teórico y práctico donde trabajo alrededor del tema de límite para el desarrollo de la creatividad y la singularidad.

ANDÉN: ¿Cuál es tu método de enseñanza y como llegaste a él?

N. M.: Es difícil sintetizar un método en breves palabras, que se desarrolla a través de más de 20 años de trabajo. El intento es focalizar en el despliegue del potencial lúdico de los alumnos, desplegando una marca única, natural, íntima pero sin solemnidad, donde la inteligencia lúdica deja atrás los juicios y las ideas previas.

ANDÉN: ¿Cómo pensás la relación entre lo didáctico y lo espectacular?

N. M.: Son dos cosas distintas. En lo didáctico prima el proceso, que siempre es saludable, y da señales de cómo seguir... y donde los tiempos son bien distintos en cada uno. En lo espectacular, hay un deseo de resultado, aunque las premisas pueden ser las mismas en la investigación, esa diferencia cambia la mirada.

ANDÉN: ¿Qué elegís desde tu lugar de producción artística: chicos/jóvenes como destinatarios (público), actores (desde tu aporte de formación actoral particular) o como signo (como elemento de una puesta escena?

N. M.: Como actores, desde mi aporte de formación actoral. Y en segundo lugar, desde la producción también me encanta trabajar con ellos. Esto último también lo considero parte de mi futuro, pudiendo volver a producir algo con ellos desde el método de trabajo.

ANDÉN: ¿Qué diferencia a los chicos y jóvenes como espectadores del público adulto?

N. M.: El sentimiento de "entrega" en los chicos y jóvenes es natural. Entonces son públicos más apasionados. El público adulto es más racional.

ANDÉN: ¿Cuál es tu futuro?

N. M.: Además de las clases tengo la intención de escribir un libro que pueda llegar a docentes interesados en el desarrollo del aprendizaje en los chicos, que excede el ámbito teatral y está vinculado a una filosofía de trabajo.


¿Quién es Nora Moseico?

Es formadora de  actores desde 1990, especializándose en niños y adolescentes a partir de la concepción de un método propio de enseñanza. En 1995 abrió su propia escuela. Más de cien alumnos cursan anualmente las clases de formación actoral. Además de llevar la dirección general de la escuela, dicta cursos anuales para niños, pre-adolescentes, adolescentes, jóvenes y seminarios de verano. Sus alumnos se han destacado desde el trabajo profesional en teatro, cine y TV. Desde 1999 dirige espectáculos teatrales, recibiendo premios como el ACE (1999) y participando de festivales internacionales.  Ha sido directora de actores de programas de tv, entre ellos, "Magazine For Fai" (1996-99) que recibió tres premios Martín Fierro. Hace coacing actoral de  niños y adolescentes en películas y series, entre ellas: "El faro" (1990), de Eduardo Mignona y "Whisky Romeo Zulu" (2004), de Enrique Piñeiro, "Cara de queso" (2006) de Ariel Winograd,  “Quién es el jefe” (2004), y “Patito Feo” (2006). Hace coaching actoral de jóvenes actrices de la tv, como  Sofía Gala y Soledad Fandiño, entre otras.

¿Por qué dialogamos con ella?

Porque ella  hizo un  quiebre en el teatro para niños. Aportó una mirada nueva, interesante, inteligente y porque inauguró un lugar nuevo para el niño como actor, no solo como elemento de la escena sino como productor de material para otros niños, abriendo un lugar para el público joven en relación a  lo que se producía para él.

Devolvió una visión del mundo adulto atravesado por el juego. Y lo más importante: se animo a poner el género en cuestión.

Termino con unas palabras de Miguel de Unamuno, de su libro Amor y pedagogía, que me vienen justo para concluir lo que creo que Nora Moseinco es en la escena teatral argentina: "Extravaga, hijo mío, extravaga cuanto puedas, que más vale eso que vagar a secas. Los mismos que llaman extravagante al prójimo, ¡cuánto darían por serlo! Que no te clasifiquen...haz como el zorro que con el jopo borra sus huellas, despístales. Sé ilógico a sus ojos hasta que renunciando a clasificarte se digan; es él, Apolodoro Carrascal, especie única. Sé tú, tú mismo, único e insustituible. (…) Devuelve cualquier sonido que a ti venga, sea el que fuere, reforzándolo y prestándole tu timbre. El timbre será lo tuyo. Que digan: ‘suena a Apolodoro.”■ 


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