Andén miente! - Editorial 67

L

a máquina va, avanza, retrocede, se mueve. Aunque a este tren le cueste transitar el medio, este es su lugar. Las vías son siempre buen medio para llegar a destino, máxime si tenemos en cuenta que en este país (este mundo), jugando a lo maquiavélico, los medios justifican el fin.

Por paradójico que suene, los temas con los que se trabaja habitualmente suelen ser los más difíciles de tratar. Es mucho más simple orientar la mirada al exterior que a lo propio, y mucho más si se pretende ser radical en este aspecto y repasar críticamente las prácticas propias.

Pensar los medios desde el medio parece una gambeta que se enrosca sobre sí misma y que nos puede llevar al tropezón. Sin embargo, es un proceso que cualquier actor de la comunicación no puede dejar de hacer si no quiere perderse en el incesante movimiento de la realidad, en la rapidez, el dinamismo y la parcialidad que ofrecen las miradas apresuradas, acaso (de pretensiones) objetivas, acaso (de resultados) ficcionales.

Si más allá de los medios están los fines, en este ANDÉN nos preguntaremos, independientemente de la objetividad o precisión del mensaje, ¿qué busca aquel que lo enuncia?, ¿hacia quién lo dirige y por qué?, ¿qué ofrece?, ¿quién lo necesita?, ¿para qué?, ¿qué hay detrás de esa maquinaria?, ¿quién se beneficia? En definitiva, ¿cuál es el fin del medio? Leer más...

Parada obligada en la comprensión de la realidad

Imprimir
06
Nov

“Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios” - Andén 63

Escrito por Maximiliano Turri. Posted in Interés general

¿

Es el Cristianismo ingenuo? ¿Presenta la vida de una manera puramente “naif”? ¿Se puede sostener, en estos tiempos, “la pureza” o niñez como camino para encontrar a Dios? Preguntas que nos podemos hacer para comenzar a recorrer un camino que nos acerque a la mirada que el Cristianismo tiene sobre el encuentro con Dios.

Los senderos que todas las religiones poseen sobre la experiencia sobrenatural, marcan que es posible el encuentro con la divinidad. Esa divinidad se manifiesta, se alcanza o se descubre por la acción del hombre o por la iniciativa de Dios. En el caso de la Fe Cristiana presupone una actitud. Actitud que va contra la corriente en estos tiempos. Es la actitud de la pequeñez, de la humildad y de la niñez espiritual. Esta idea se ha teñido de una cierta ingenuidad. En un mundo que cada vez más se ufana de la omnipotencia, de la magnificencia, presentar el camino del encuentro con el Dios vivo a través de la pequeñez, suena irrisorio.  

La expresión que da título a este escrito son palabras que Jesucristo pronunció en su sublime sermón. Forma parte de lo que la tradición Cristiana llama “Bienaventuranzas”. Son ocho senderos que Cristo invita a transitar para llegar a lo que todo corazón humano anhela, la felicidad. El Dios revelado en el rostro de Cristo, nos deja resuelto el modo de llegar a alcanzarlo; pero a su vez nos propone la condición necesaria e impostergable para lograrlo: la niñez interior. De este modo, el Señor, deja pautadas las bases del verdadero encuentro. Toda la teología va a sostener que la niñez interior es sinónimo de la humildad, y que ambas son reflejo de la verdad que en lo más profundo de nuestro corazón se esconde.

Nuestros tiempos nos demandan que manifestemos hacia el exterior de nosotros mismos imágenes, modelos, estereotipos que nos son impuestos por la sociedad en la que habitamos. Tenemos que ser correctos en nuestro modo de pensar, obrar y dialogar. La premisa con la que debemos comportarnos nunca puede estar fuera de lo que es “políticamente correcto”. Quien sea osado y rompa este dogma secular, quedará segregado al grupo de los “desubicados”. Así comenzamos a construir una imagen de nosotros mismos que se parece más a lo que nos impone el entorno, que a lo que somos realmente. Es este el umbral que da paso a creernos eso que mostramos. Perdiendo así nuestra verdad más profunda, la criatura que sigue alojada en las profundidades de nuestro ser.

A esa criatura el Evangelio le habla. A esa realidad que se esconde detrás de exigencias externas. Al corazón de nuestra humanidad. A donde todavía somos niños. Es esa niñez el sinónimo de la pureza de la que Cristo habla. Es la pureza que deja transparentar la luz del sol y que no tiene doblez. Significa no permitir que moldes impuestos nos inhiban y nos quiten la identidad más profunda que somos. Es volver al origen de nuestro ser. Es encontrarnos con la presencia infinita que habita en nuestra finitud.

“Felices los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios” son las palabras que recibimos con una alegría serena y cierta. Porque están dichas a nosotros, seres humanos que peregrinamos por este siglo veintiuno, cansados de tanto cargar sobre nuestros corazones pesadas exigencias externas. Exigencias que nos hacen olvidar de lo que somos. Pequeños e indefensos niños, que revestidos de adultez, nos mostramos firmes y consistentes; aunque frágiles e inestables■


blog comments powered by Disqus

Contáctenos

Periódico Andén
Lastra 45 - Chascomús
Buenos Aires - Argentina
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
Formulario de contacto